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Un año después

Muro pintado con rostro de mujer en Lesbos

Carta abierta a Mariano Rajoy un año después de

la firma del acuerdo de la UE con Turquía.

Estimado Sr Rajoy,

Le escribe una ciudadana a la que usted representa (ya sea por elección o por “obligación”), y que está comprometida con la defensa de los derechos de TODAS las personas.

Como seguro que también lo está usted, ya que los derechos humanos fueron uno de los principios fundamentales de la conformación de la Unión Europea.

Hace ya tanto de eso…

En estos días se cumplirá un año desde que la UE firmara el “pacto de la vergüenza” con Turquía.

Durante este año, hemos sido muchos las ciudadanas y ciudadanos que hemos manifestado nuestra oposición a dicho acuerdo y a las políticas migratorias europeas.

Sin embargo, lejos de escucharnos, Europa ha continuado avanzando hacia el discurso del miedo y la xenofobia y la aniquilación de los derechos humanos.

Por si acaso le faltara información sobre de qué va el acuerdo, le cuento un poquito por encima…

En el mundo hay guerras. No sé si estará al tanto de que la industria armamentística supone el 2,4% del PIB mundial. En España, por ejemplo, el presupuesto del Ministerio de Defensa aumentará un 30% en 2017. Nada… cerca de 2.000 milloncejos que no van a ningún sitio. Bueno si, a comprar armas.

Sucede también que los países ricos expoliamos a los países pobres para poder sostener nuestro “progreso”. Quizás le suene algo de la guerra del Congo y el coltán. Bueno, tampoco tiene mucha importancia.

El caso es que entre guerras, persecuciones, torturas y miseria, hay más de 65 millones de migrantes forzosos en todo el mundo. Y no, no es movilidad exterior. Es que si se quedan en su casa, o les matan o se mueren de hambre.

Pues bien, desde el 20 de marzo de 2016 estamos impidiendo que cientos de miles de personas que huyen de la guerra, la persecución y la miseria extrema, puedan llegar libremente a un lugar en el que sentirse seguras.

Pintada en Lesbos No borders

Miles de mujeres, hombres, niños y niñas están atrapados en cárceles gigantes al aire libre. Es más, se encuentran en el corredor de la muerte, esperando la ejecución de su sentencia. Porque para muchos de ellos, la deportación a Turquía es una condena a muerte.

Ya puedo entrever su cara de sorpresa al leer que es a Turquía a donde se les devuelve. No se extrañe. Es porque Turquía es un tercer país seguro. ¡No lo digo yo! Lo dicen los estados miembros de nuestra Unión Europea.

La verdad es que, pensándolo bien, tampoco es para tanto. Si somos veraces, son los propios refugiados los que “voluntariamente” firman volver al lugar de mierda de donde salieron. Si prefieren quedarse en un campo de refugiados en Grecia, ellos asumen los riesgos.

Este invierno, por ejemplo, han muerto 6 personas en Moria. De frío, de hambre y de enfermedad.

¡Ah si, Moria! Moria es un campo de refugiados que acoge, ampara, retiene a más del doble de personas de las que cabrían. Está en Lesbos, una isla griega, ese pequeño país de Europa que está en bancarrota.

Nieve en campo de refugiados Moria

No sé si a usted se le ocurre una solución mejor. Porque para los inmigrantes, Turquía no es una opción. De hecho, ellos ya han estado allí.

Han viajado a través de ese país, buscando la seguridad de Europa. Muchos han sido testigos y algunos han sobrevivido a la detención y la tortura por parte de militares y policía. Así que no, no creo que les queden ganas de volver a Turquía.

Otra posibilidad sería que se quedaran en sus países. Eso me parece complicado también. Hablando con Adar, un profesor de matemáticas de la Universidad de Irak, me decía que echaba mucho de menos su país, su pueblo. Pero que ya no podía soportar seguir viviendo pensando cuál sería la bomba que matara a sus hijos.

La tercera opción es cumplir con los compromisos adquiridos. En el caso de España acoger a 17.337 seres humanos antes de septiembre 2017. Hasta ahora han llegado unos mil… ya falta menos.

Le dejo algunas cifras más, que como está tan liadillo, igual no le da tiempo a leerlas por ahí:

  • En 2016 murieron más de 5.000 personas en el Mediterráneo intentando llegar a Europa.
  • Un riñón de un inmigrante se paga entre 6.000 y 11.000 €. En este caso, lo de que el viaje les cuesta un riñón, es literal.
  • El tráfico de personas (sin considerar el tráfico de órganos) genera unos beneficios en todo el mundo de cerca de 32.000 millones de dólares al año
  • Se estima (porque no se sabe con certeza) que unos 20.000 niños que viajaban solos, han desaparecido al llegar a Europa durante 2016.
  • La UE acordó pagar a Turquía 6.000 millones de euros para ayudarle con los gastos de las deportaciones.

No quiero aburrirle, que sé que tiene usted muchas cosas que hacer. Para terminar, solo me gustaría pedirle, como ciudadana del país que usted gobierna, que pelee por lo siguiente:

  • Paralización de todas las deportaciones y devoluciones a Turquía llevadas a cabo en el marco del acuerdo firmado el pasado 20 de marzo de 2016 por los estados miembros de la UE.
  • Reapertura de las fronteras y libertad de movimiento para todos los seres humanos.
  • Que el dinero que se destina al control y cierre de fronteras, se destine a una mayor vigilancia sobre la violencia policial contra los refugiados y los migrantes
  • Garantías de una forma segura de desplazamiento que no obligue a las personas a poner en riesgo su vida cuando huyen de la muerte.

Seguiría con mi lista de peticiones, pero siempre me han dicho que uno tiene que ir planteándose los objetivos poco a poco. Así que, cuando tengamos estos, ya iremos a por los siguientes.

Bueno, pues nada más. Espero que sigamos avanzando en la defensa de los Derechos Humanos, que están recogidos en la Declaración Universal.

Y no olvide que, como usted diría, un vaso es un vaso, un plato es un plato y un ser humano es un ser humano.

 

 

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